Desalinización en México: convertir el mar en fuente de vida

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Por Dr. Jorge Martínez Herrera¹ y Dra. Elizabeth Argüello García²/ ¹Universidad Tecnológica del Centro de Veracruz. ²Colegio de Postgraduados, Campus Veracruz

Resumen

La desalinización en especial mediante ósmosis inversa  se perfila como una herramienta estratégica para reforzar la seguridad hídrica en regiones costeras y áridas de México. Este artículo de divulgación explica, cómo funciona la tecnología, dónde se concentra su implementación en el país, sus ventajas y limitaciones, y qué tan viable es su uso agrícola. Se discuten retos críticos (energía, manejo de salmuera, costos de inversión y operación) y se proponen criterios prácticos para decidir cuándo conviene desalinizar y cuándo resulta mejor priorizar otras alternativas como eficiencia del riego, reúso y reducción de fugas.

Palabras clave: ósmosis inversa, seguridad hídrica, salmuera, energía, riego tecnificado, costo–beneficio.

1. Introducción: agua dulce en un país sediento

México es un país de contrastes hídricos: mientras algunas zonas cuentan con lluvias abundantes y cuerpos de agua, otras —especialmente en el norte y en franjas costeras— enfrentan escasez recurrente. En ese contexto, la desalinización ha pasado de ser una solución “de laboratorio” a convertirse en una opción real para ciudades costeras, islas y polos turísticos, donde el mar está cerca y la disponibilidad de agua dulce es limitada. El estrés hídrico ya afecta a decenas de millones de personas y que la presión sobre acuíferos y redes urbanas se intensifica con sequías y crecimiento de la demanda. La pregunta clave es cómo integrar tecnologías nuevas sin descuidar medidas tradicionales que suelen ser más baratas (ahorro, reúso y gestión).

2. ¿Qué es la desalinización y cómo funciona?

Desalinizar significa retirar sales disueltas para transformar agua de mar (o agua salobre) en agua apta para consumo o usos productivos. La tecnología más difundida es la ósmosis inversa (OI): el agua se somete a presión para atravesar membranas semipermeables que retienen sales, microorganismos y otros contaminantes. El proceso suele incluir:

*Pretratamiento: remoción de sólidos y materia orgánica para proteger las membranas.
*Ósmosis inversa: separación principal (producción de “permeado”).
*Postratamiento: ajuste de pH y mineralización para estabilizar el agua.
*Manejo del rechazo (salmuera): corriente concentrada que requiere disposición responsable.

Dos variables dominan el desempeño: (1) la energía necesaria para presurizar el sistema, y (2) la calidad del agua de entrada, que define la complejidad del pretratamiento.

Esquema del proceso de salinización por ósmosis inversa

3. Panorama en México: dónde se concentra y por qué

En México, la desalinización se ha implementado sobre todo donde coinciden tres condiciones: cercanía al mar, escasez estructural y alta demanda (urbana, industrial o turística). En México, se mencionan tres plantas operativas relevantes al 2025: Ensenada (Baja California), Guaymas–Empalme (Sonora) y Cabo San Lucas (Baja California Sur), además de proyectos activos en Rosarito, La Paz e Isla Mujeres. También se señala la existencia de más de 300 plantas pequeñas en hoteles, comunidades e industria, muchas de ellas fuera de registros consolidados.
 

4. Ventajas: cuándo la desalinización “hace sentido”

La principal ventaja de la desalinización es su confiabilidad: a diferencia de presas o pozos que dependen de lluvias o recarga de acuíferos, el mar está disponible todo el año. Esto la vuelve atractiva para ciudades costeras con crecimiento rápido, islas y destinos turísticos.

Además, la OI es modular: puede escalarse desde unidades pequeñas hasta plantas medianas o grandes. La calidad del agua producida es controlable, lo que permite diseñarla para usos específicos (potable, industrial o riego tecnificado). En regiones con intrusión salina cuando el agua de mar invade acuíferos costeros la desalinización puede actuar como “plan B” para recuperar seguridad hídrica sin seguir bombeando agua subterránea degradada.

Finalmente, si se integra con energías renovables y eficiencia energética, puede reducirse el costo operativo y la huella de carbono, mejorando su aceptación social.

5. Retos: energía, salmuera y gobernanza

Aun con sus beneficios, la desalinización no es una solución universal. Sus costos y riesgos se concentran en tres frentes:

a)Energía y costos de operación. La energía eléctrica suele ser el componente más importante del gasto operativo. Si el precio de la electricidad sube o si la red es inestable, el costo del agua desalada se incrementa.

b)Manejo de salmuera. El rechazo concentrado contiene alta salinidad y trazas de químicos del pretratamiento. Si se descarga sin diseño adecuado (difusores, dilución, modelación), puede afectar ecosistemas marinos locales.

c)Gobernanza. Una planta desalinizadora requiere operación continua, personal capacitado y mantenimiento. Sin planes financieros claros, transparencia en tarifas y coordinación institucional, puede volverse insostenible. Por eso, en divulgación científica conviene enfatizar que la desalinización funciona mejor como parte de un portafolio: ahorro, reúso, control de fugas y gestión de demanda.

6. ¿Y la agricultura? Potencial realista y condiciones mínimas

México usa la mayor parte de su agua en agricultura, por lo que la tentación de “desalinizar para riego” es comprensible. Sin embargo, la desalinización es más viable para cultivos de alto valor (berries, flores, hortalizas) y en sistemas tecnificados, que para agricultura extensiva (p. ej., maíz) donde el margen económico no compensa el costo del agua.

En términos prácticos, la desalinización para agricultura tiende a funcionar cuando se cumplen estas condiciones:

*Riego por goteo o agricultura protegida (uso eficiente del agua).
*Cultivos con alto valor por hectárea (exportación o mercados especializados).
*Mezcla (blending) con agua salobre o con agua residual tratada para reducir costos.
*Monitoreo de salinidad del suelo y del agua para evitar degradación a mediano plazo.

En contextos adecuados, el beneficio no es solo producir agua dulce, sino estabilizar rendimientos, reducir estrés salino y proteger suelos.

7. Costo–beneficio: cómo leer los números sin caer en trampas

Se reporta un rango orientativo de $15 a $40 MXN por metro cúbico de agua desalada, dependiendo de escala, ubicación y energía disponible. La comparación correcta no es solo “agua desalada vs agua de pozo”, sino “costo total vs costo de quedarnos sin agua”.

En evaluación social, entran beneficios indirectos: continuidad del servicio, salud pública, reducción de conflictos por agua, atracción de inversión, y liberación de fuentes dulces para usos prioritarios.

Un análisis costo–beneficio sólido debería incluir:
• CAPEX (inversión): toma marina, planta, conducción, postratamiento, descarga.
• OPEX (operación): electricidad, químicos, membranas, personal, mantenimiento.
• Costos ambientales: monitoreo, mitigación de salmuera.
• Beneficios sociales: reducción de vulnerabilidad hídrica y riesgos sanitarios.

 

8. Recomendaciones para una agenda de desalinización responsable

Para avanzar con responsabilidad, México puede priorizar:

1) Sitios con estrés hídrico estructural y cercanía al mar, donde otras fuentes sean insuficientes.
2) Integración con eficiencia: reducir fugas urbanas y modernizar riego antes de “fabricar” agua nueva.

3) Energía limpia y recuperación energética para bajar costos operativos.
4) Normas claras de descarga de salmuera y monitoreo ambiental continuo.
5) Transparencia: tarifas, contratos, costos de ciclo de vida y participación social.

Así, la desalinización deja de ser un “proyecto aislado” y se convierte en una política pública que reduce vulnerabilidad climática.

9. Conclusiones

La desalinización puede fortalecer la seguridad hídrica en México, especialmente en costas áridas, islas y ciudades con alta demanda. Pero su éxito depende de cómo se implemente: con planeación, energía, manejo ambiental y buena gobernanza. Como sugiere el texto base, no es una panacea: es una herramienta poderosa cuando se usa de forma selectiva y complementaria a medidas de eficiencia, reúso y gestión de demanda.

Referencias

Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). (2022). Atlas del agua en México (9.ª ed.). Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Sosa-Rodríguez, F. S. (2020). Desalination in Mexico: Current situation and future challenges. Water, 12(7), 1907. https://doi.org/10.3390/w12071907

IMTA (Instituto Mexicano de Tecnología del Agua). (2023). Diagnóstico de plantas desaladoras en México. IMTA–SEMARNAT.

 

Referencia: Artículo publicado en la versión impresa No. 136 #RevistaAgroRegion